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Rumores de cambios de gabinete tras el desordenado inicio de la era Trump

martes, 14 de febrero de 2017

WASHINGTON.- Que los secretarios informan mal. Que le mienten. Que se pierde la confianza en colaboradoras clave. Que se comete la torpeza de discutir asuntos de seguridad delante de terceros.


Con apenas 23 días en el cargo, la presidencia de Donald Trump no da respiro. Llueven los rumores que apuntan a lo mismo: que hay malestar en el gabinete y que, frustrado por el desordenado comienzo de su gestión, al magnate no le faltan ganas de hacer cambios internos en su elenco. Tres son los supuestos principales blancos del magnate.

El más comprometido, por estas horas, parece ser el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general retirado Michael Flynn, de quien se sospecha que mintió cuando refirió los reales alcances de conversaciones con diplomáticos rusos. Anoche, la posición de Flynn parecía comprometida. "Se está evaluando su situación", admitió oficialmente la Casa Blanca. Era el primer reconocimiento formal de que algo no iba bien y que los "rumores" eran más que eso.

Las presiones también apuntan a otros integrantes del equipo presidencial. Uno es el vocero presidencial, el atribulado Sean Spicer, cuyo desempeño, según se afirma, es revisado por Trump todos los días sin que casi nunca llegue a estar conforme.

"Le parece muy blando a la hora de defender la agenda de la Casa Blanca", dijeron fuentes del gobierno. La apreciación es curiosa por doble motivo. Por un lado, porque cuesta creer que un presidente tenga tiempo de ver todos los días el desempeño de su vocero de prensa. Por el otro, porque si por algo se ha ganado fama Spicer es por su aire combativo y su empeño en confrontar con la prensa acreditada en la Casa Blanca. Tanto que su temperamento se ha ganado un lugar preferencial en las sátiras de programas humorísticos de la televisión, donde lo que suele destacarse es la facilidad con que pierde los nervios y el ansia con que defiende al presidente. Pero, según los rumores, a Trump no le alcanza.

El tercero en el supuesto tembladeral es nada menos que el jefe de gabinete. Al parecer, Reince Priebus se ganó el malestar presidencial con el caótico debut del controvertido decreto migratorio, ahora bloqueado por la justicia.

La presión parece crecer en torno del presidente. "Si se confirma que el asesor en seguridad ha mentido, creo que es imposible volver a tener confianza en él", sostuvo ayer la senadora Susan Collins. La republicana es de las que con más frecuencia alzan su voz crítica contra la gestión de Trump.

Supuestamente, y pese a que originalmente dijo lo contrario, Flynn sí habría barajado la posibilidad de que se flexibilizaran las sanciones contra Rusia durante conversaciones con el embajador de Moscú en esta ciudad, Sergei Kislyac.

Las conversaciones con Flynn fueron antes de que Trump asumiera, pero cuando el general ya formaba parte de su equipo como asesor en cuestiones de seguridad.

Flynn siempre negó que en esas ocasiones hubiera tratado las sanciones que el ex presidente Barack Obama impuso sobre Rusia o la posibilidad de alguna modificación en sus alcances. Todos le creyeron. Incluido el vicepresidente Mike Pence, que hizo declaraciones públicas en ese sentido.

Hoy no parece que la cosa sea tan clara y, al parecer, Trump estaría pensando en despedirlo. "Si mintió, ya es una cuestión de integridad. No se puede confiar en quien miente o en quien recuerda mal", sostuvo el analista en temas de seguridad, Phillip Mudd.

Pero la más discutida de las notas se la lleva el propio presidente, ante la creciente evidencia de que discutió en plena mesa de restaurante y a la vista de numerosos curiosos la emergencia generada durante el fin de semana por el ensayo nuclear norcoreano. "El presidente convierte una mesa de restaurante en una sala de situación", ironizaron medios locales. Lo hicieron al mostrar la curiosa imagen del presidente rodeado de asesores que le mostraban papeles y mensajes en sus teléfonos celulares con los que daban cuenta del ensayo nuclear.

Ocurrió en uno de los restaurantes de Mar-a-Lago, el complejo turístico que Trump posee en Palm Beach. A poca distancia, cualquiera de los otros comensales pudo escuchar lo que se decía.

De hecho, uno de ellos, Richard DeAgazio, difundió el "minuto a minuto" de la atípica cumbre de seguridad por su cuenta de Twitter. "Esto no puede estar ocurriendo", reaccionaron, indignados, legisladores demócratas.

En el momento en que fue notificado del ensayo nuclear, Trump agasajaba al primer ministro de Japón, Shinzo Abe. "No pude escuchar lo que decían por la música de fondo" del restaurante, explicó luego DeAgazio. "Pero... wow, ¡qué momento! Ver una crisis en primera fila", insistió.